Para reflexionar.

  
El obispo de la diócesis llamó al padre García y le dijo:
 
-Sé que sueles charlar con el Cristo de tu iglesia.
  
-Así es, Su Excelencia -respondió el padre García-.  Cualquiera, hasta un obispo, puede platicar con Él.
  
-Bien -prosiguió el dignatario sin oír-.  Como tú sabes, hay mucho sufrimiento en el mundo, mucha pobreza, dolor y soledad. Pregúntale al Señor por qué no hace algo para aliviar todo eso.
  
El padre García respondió:
 
-No puedo hacerle tal pregunta a Cristo.-
  
-¿Por qué? - se sorprendió el obispo.
  
Explicó el padre García:
 
-Porque seguramente Él me preguntará lo mismo a mí.
  
  
¡Suerte!
  
  
  

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